lunes, 20 de noviembre de 2017

Y MIENTRAS INVENTAN UNA REPÚBLICA DE CARTÓN, SIGUEN LOS MISMOS PROBLEMAS EN ESPAÑA Y EN EL MUNDO: RECORTES, ENFRENTAMIENTOS, HAMBRE, DOLOR,  MISERIA Y GUERRA. Y CONTINÚA LA VIDA.

Ayer varias pateras escupieron en las costas de Murcia más de 400 personas exiliadas de su tierra, el mayor número en un solo día en esta Comunidad, a la que diariamente llegan decenas. Parecidas situaciones viven las costas andaluzas y canarias y ya no digamos en las italianas y griegas. Y hoy, en la rica Austria de la "rica", "civilizada" y "humanista" Europa se ha suicidado un niño refugiado afgano de  11 años, que vivía en un albergue y se tenía que ocupar de seis hermanos. El trágico éxodo de millones de refugiados, muchos de ellos niños, en busca de acogida en la Europa de la "riqueza", el "bienestar" y el derroche, con miles  de víctimas ahogadas en el Mediterráneo y otros centenares de miles hacinados en campos de internamiento, tiene unas causas muy conocidas y muy silenciadas en nuestro mundo occidental de la "abundancia": el saqueo y la rapiña de los ricos, de los países y grupos económicos, financieros, fabriles y extractivos de materias primas, cuyo objetivo egoísta es acumular riqueza aunque sea a costa de provocar guerras con la consiguiente muerte y destrucción y  la miseria de millones de seres humanos. O sea, que fíjense ustedes los problemas que tenemos en el mundo mientras debatimos sobre una república de cartón.
Y pasando a la situación en España, mientras el país está ensimismado, preocupado y hasta encogido por la deriva aventurera que ha ido tomando en unos pocos años el mal llamado "problema catalán", azuzado por el secesionismo independentista, tanto el de los separatistas de viejo cuño, siempre en flagrante minoría, como el de los reconvertidos secesionistas de CDC, que buscan encubrir sus políticas neoliberales, de recortes sociales y corruptas, con el espejismo del futuro paraíso catalán independiente, el gobierno del PP sigue nadando en sus propias corrupciones, en sus recortes y reformas laborales y en su inoperancia política. Y las políticas conservadoras de fondo, practicadas por unos y otros, perduran.
La única forma de acabar con esta situación aquí y en el mundo está escrita en los anales de las mejores elaboraciones, movilizaciones y luchas del movimiento obrero. Basta con saber analizar, aprender y practicar. Nadie dice que sea fácil y rápido, pero como es imprescindible debe hacerse. En España, Catalunya incluida, no faltaría más, eso significa recrear la izquierda, fortalecerla, organizarla y movilizarla, con un programa político básico, claro y concreto. La actual "izquierda" está muy lejos de ser útil para esta tarea. Si somos capaces de avanzar aquí contribuiremos a que se avance en Europa, que tiene una izquierda de parecidas debilidades que la nuestra.



















  

El Vichy catalán

 19/11/2017 01:24 | Actualizado a 19/11/2017 03:21
(Publicado en La Vanguardia9
La mayor y más perdurable victoria francesa al acabar la Segunda Guerra Mundial no fue el triunfo militar, mérito de los aliados en su conjunto, sino que consistió en restablecer el honor y la gloria de la patria ocupada. De Gaulle apostó por la grandeur y ocultó tanto la gesta de los republicanos españoles encuadrados en la Nueve del general Leclerc como el colaboracionismo del régimen de Vichy con los alemanes, por no hablar de la persecución que sufrieron los judíos franceses o tantas otras cosas y circunstancias que la derrota del enemigo borró y negó. Vichy no había existido o casi ni había existido. Y la Francia entera se alzó en armas contra el invasor teutón. La Resistencia, escrita así, en mayúsculas, fue el relato (¡esa palabra!) de un país que vio cómo era ocupado totalmente en un mes y escasos días y que se levantó mayoritariamente contra el germano invasor. Se derrumbó la línea Maginot y todo el ejército francés. Pero la patria siguió inviolada en el corazón de los franceses, de los resistentes, que jamás se rindieron… El buen pueblo francés jamás le falló a su nación, a su bandera. Hoy sabemos que buena parte de esa historia fue una invención y que en el final de la ocupación hubo tanto de manipulación como de venganza y hasta guerra civil. Hubo que esperar hasta el 2004 para escuchar a un presidente de la Republique honrar a aquellos republicanos españoles que fueron los primeros en liberar París. Y todavía hoy nos duelen las imá­genes de las mujeres rapadas y vejadas por haber yacido con el enemigo alemán, mientras buena parte de los de Vichy se pasaban sin demasiados problemas (la inmensa mayoría) al renovado patriotismo res­taurado. El nacionalismo francés, cuando se tiñe de vergüenza y supremacismo, da estos frutos amargos.
Pero los olvidos y reescrituras de la historia no son sólo franceses, ni mucho menos. Aquí, con la transición, vimos cómo muchos camisas azules se transformaban en demócratas “de toda la vida”. Y no tengo tal vez que señalarles que, en nuestro renovado relato (¡otra vez la palabra!) nacional, pues sencillamente no hubo catalanes falangistas ni enrolados en el precisamente llamado bando nacional. Los nuevos tiempos quieren que la guerra civil española fuese punto menos que otra guerra más de agresión de España, ese ente autoritario, tiránico y despreciable, contra la libérrima y sufrida Catalunya. Y si alguien recuerda el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat rápidamente se le echa encima la jauría que denuncia a los malos catalanes, sin atender a que el mapa del carlismo y el del independentismo actual siguen teniendo numerosos puntos en común. Como en la Francia del final de la guerra, aquí no hubo colaboracionistas, mucho menos franquistas, de ninguna manera entusiastas del régimen. Y sin embargo, el Vichy catalán existió, y no fue sólo un agua carbonatada. Fue un grupo humano amplio y diverso. Hoy se les tacharía de colaboracionistas, pero en su día fueron patriotas. Y sólo el relato (¡¡otra vez!!) confrontado de dos nacionalismos que se autoexcluyen puede negar que aquellos catalanes de boina roja también defendieron su patria. O su idea de la patria mejor.
Desfile militar franquistaDesfile militar franquista (Getty)
Al calor de la dictadura franquista y su florecimiento económico, tardío pero evidente, medraron tecnócratas y conversos, oportunistas y buscavidas, entusiastas sobrevenidos y otros que habían hecho y ­ganado la guerra. Y más de un orgulloso apellido catalán lució su uniforme o sus insignias, para pasmo futuro de sus compañeros del renovado nacionalismo, de signo adverso, que fue, en su día, la hoy extinta Convergència. Cuántos no sólo hijos de, sino propiamente cuadros medios del régimen franquista se alistaron en la nueva verdad revelada, en el resistencial y sempiterno nacionalismo catalán, para al cabo de los años, cuarenta más cuarenta, acabar engrosando las filas del independentismo.
La gente tiene derecho a cambiar y evolucionar, por supuesto. Y los hijos no suelen ser de la misma opinión que los padres. Pero pasar de camisa vieja a independentista en dos o incluso tres generaciones no deja de ser una pirueta del destino digna de, al menos, alguna reflexión. Y hoy, cuando algunos hasta publican las listas de los malos catalanes y otros, cuando van hacia la cárcel, desean que por fin triunfe el bien sobre el mal (¡qué grande es Junqueras!), habría tal vez que reivindicar una vez más, otra vez, hasta que nos duela y se nos caiga la lengua, un espíritu de concordia y entendimiento que nos aleje de los nacionalismos de todo tipo, pelaje y condición. Que nos lleve más allá de consignas, banderas, uniformes y movilizaciones. Que nos permita superar este momento cainita y profundamente estúpido, esta taza de caldo doble que sabe a ricino y a sangre.
Unos, en el resto de este viejo reino de España, han dejado de beber Vichy porque es catalán. Y cada vez soportan peor su adjetivo. Y otros, aquí, reniegan de Vichy porque es un símbolo de colaboracionismo y entrega. Y, sin embargo, el agua sigue siendo salutífera y continúa siendo una gran aliada para superar las digestiones pesadas. Como la que nos espera.

domingo, 19 de noviembre de 2017


Rosa y Sant Jordi

Rosa María Sardà devuelve una de las máximas condecoraciones de la Generalitat



La actriz Rosa María Sardà en Barcelona.rn
La actriz Rosa María Sardà en Barcelona. JOAN SÁNCHEZ

El 24 de julio de este año, Rosa María salió de su casa y miró al cielo. Eran las once de la mañana de un día de una claridad inusual en Barcelona. El día anterior una lluvia intempestiva había limpiado el aire, pero no había rebajado la temperatura ni un solo grado. Pensó, como solía hacer desde hacía un tiempo, que el clima sí era un tema por el que merecía la pena luchar y desgañitarse: un tema relevante que afectaba a la vida humana y al planeta y que se veía desplazado a una mera anécdota por la marejada política que inundaba el país en el que le había tocado vivir.


Lo que iba a hacer, en el fondo era un grito de auxilio, un puñetazo en la mesa, un basta ya, un no puedo más. Llevaba tiempo meditándolo y aquella mañana, ante el café con leche, mientras echaba de menos una vez más los cigarrillos, decidió que ya era el momento.
No se lo dijo a nadie porque sabía que intentarían disuadirla y en aquellos momentos, tras una larga enfermedad de la que estaba saliendo, no se sentía con energía suficiente para discutir y defender su decisión. Tan solo quería ejecutarla. Torció por la calle Pau Claris de Barcelona y empezó a descender por ella. No tenía prisa y se detuvo en el escaparate de una librería. Lectora empedernida, pensó en comprarse un par de novedades que ansiaba leer, pero decidió hacerlo a su vuelta, ya liberada de la misión que hoy la había sacado de casa.
Ya en Via Laietana, se desvió hasta llegar a la Plaça de Sant Jaume, miró al Ayuntamiento y no pudo evitar una sonrisa: recordó a su amado amigo Terenci Moix y recordó su capilla ardiente años atrás en la que sonaba la banda sonora de Blancanieves ‘I go I go, it`s after work we go’. Terenci la habría entendido. Terenci la habría acompañado. Y luego se habrían reído, hablando de lo divino y lo humano ante un par de gintonics. Terenci…
Entró en el Palau de la Generalitat y preguntó a la funcionaria de turno que al principio no la reconoció y no entendió la pregunta. Una vez entendida —y finalmente reconociéndola— la funcionaria le rogó que esperara e hizo una llamada. Había una corriente de aire bastante molesta en la entrada del Palau y se guareció como pudo, contra una pared. Tras unos minutos, apareció un funcionario que, amablemente, tras estrecharle la mano con fuerza, la condujo a un pequeño despacho.

La condecoración traía consigo que en el momento del fallecimiento, la Generalitat ofrecía una esquela en los periódicos

—¿En qué puedo ayudarla, señora Sardà?
—Es por la Cruz de Sant Jordi.
—Creo que ha habido un error. Me ha dicho mi colega que quiere devolverla.
—No, no es un error. La quiero devolver, exactamente, aquí la tiene.
Rosa María sacó una carpeta con la condecoración y una nota. En la nota de su puño y letra, decía que dadas las circunstancias, ella no se consideraba merecedora de la Creu de Sant Jordi otorgada por el Gobierno catalán y que, como la condecoración traía consigo que en el momento del fallecimiento, la Generalitat ofrecía una esquela en los periódicos, que por favor tuvieran a bien ahorrársela.
El funcionario cogió la carpeta con gesto nervioso, no sabiendo muy bien qué hacer con ella. Rosa María le pidió un recibo.
—¿Un recibo?
—Sí, un recibo, conforme la he devuelto.
—Sí, claro... Un momento. El funcionario abandonó el despacho y ella aprovechó para mirar el teléfono. Volvió a los pocos minutos con un albarán y se lo entregó. Se dieron la mano. Antes de irse, Rosa María le dijo:
—¿Lo de la esquela está claro, verdad?
—Sí, sí…
Al salir a la calle de nuevo, se sintió triste y libre, lo cual no era ninguna novedad para ella: es el precio a pagar por tener una implacable brújula moral que te marca en cada momento las acciones que debes hacer para ser coherente, pese a quien le pese y pase lo que pase. Aunque te cueste amistades, repudio, odio, insultos, incomprensión.
Volvió a subir, esta vez mas despacio, Pau Claris arriba, hacia la librería.
Rosa María Sardà no me contó los libros que compró ese día, pero, conociéndola, sé que los habrá leído, amado y entendido como nadie.
Isabel Coixet es directora de cine.
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viernes, 17 de noviembre de 2017

MARTA ROVIRA, UNA FARSANTE QUE JUEGA CON LA VIOLENCIA Y LA MUERTE. O PRUEBA LO QUE DICE O A LA CÁRCEL.

Marta Rovira es la Secretaria General de ERC. Se entiende por tanto que habla en nombre de esta organización y no sólo a título personal. Y si no es así, que ERC lo desmienta y haga lo mínimo que debe hacer cuando una energúmena dice falsedades que pueden costarnos caras, dimitirla de forma fulminante. No han tenido bastante con el trágico culebrón de mentiras, falsedades, movilizaciones a lo nazi, y provocaciones de todo tipo, dividiendo a la ciudadanía por una quimera irreal, falsa y demagógica y produciendo graves enfrentamientos sociales, humanos, familiares  y de todo tipo, de los que costará salir, que ahora se atreven a poner el listón de la ignominia política en lo más alto: que no han declarado en serio la república porque hubiera habido un baño de sangre. 
Para mí, que no he creído ni un momento lo más mínimo de su ficción y que la he denunciado intentando abrir los ojos a muchos engatusados, me es difícil creer que personajes como la tal Marta Rovira sea capaz de decir barbaridades tales. Ella y personajillos que gozan de privilegios económicos y prebendas de todo tipo en sus funciones políticas, que hablan y vociferan lo que les da la gana contra todo y todos al tiempo que acusan al estado de autoritario y franquista, que son capaces de llamar fascistas y franquistas a los que no aceptamos o que desmentimos sus mentiras y fechorías, en vez de constatar el fracaso de su aventura nazional -secesionista tengan aún la indecencia moral y política de continuar por el mismo camino, aumentando el tono de sus embustes con la peligrosa acusación de que han evitado un baño de sangre con su renuncia. 
¿Han denunciado ya las autoridades y el  gobierno ante los juzgados a esta farsante por tan graves acusaciones y para que las pruebe? Si no lo han hecho, ¿a qué esperan?

                        LA SUSODICHA MARTA ROVIRA.

lunes, 13 de noviembre de 2017

MONOTEMA IDENTITARIO: CUANDO LAS PALABRAS SE CANSAN, EL CEREBRO ENTRA EN CAOS Y LOS SENTIDOS SE ADORMECEN.

Llega un momento en que uno lo ha oído todo, o cree haberlo oído todo, intentando encontrar en los discursos, por zafios que sean, briznas de realidad histórica, de estructura ideológica y política que vaya más allá de la propaganda identitaria y supremacista ancestral o, simplemente, del buen sentido común, en algunas de las palabras pronunciadas o vociferadas. Inútil, desde el principio al fin, en un crescendo inacabable, por más que la realidad se carcajee. Se han ido poniendo los pilares de una ficción que, como toda ficción, acaban creyéndose sus creadores y sustituyendo toda la realidad por la misma. Pero, como no hay nada gratuito, debemos buscar los orígenes y causas de tamaña actuación para que sea capaz de engendrar viscerales, vacuas y multitudinarias adhesiones, y los intereses que hay detrás de ello. 
Simplemente señalemos unos inicios del proceso que estamos viviendo actualmente: en el año 2006 en Catalunya no había ninguna exigencia de masas para la reforma del Estatut ya que , en general, había un amplio acuerdo o aceptación del mismo como instrumento válido para el ejercicio de las actividades económicas, sociales y políticas. Los que propusieron la reforma no buscaban la mejora de las condiciones de vida  y de trabajo del pueblo al que tanto citan para hacer lo que les da la gana, ni un mejor funcionamiento político, ni en Catalunya ni en el conjunto de España, sino que les movía exclusivamente sus afanes de protagonismo político, compitiendo entre si. En este caso concreto, el deseo del PSC de competir por el gobierno con CIU en el campo del nacionalismo y no en el de las políticas sociales diferentes,  que sería lo lógico en una opción socialdemócrata. Un deseo avalado por el PSOE, por el presidente Zapatero y su gobierno, y acompañado en Catalunya por ERC y los de Iniciativa y EUiA como fieles subalternos. Y convirtieron un Estatut de 50 artículos que funcionaba aceptablemente, en una especie de Constitución retórica de 250. 
Las peripecias en torno a su aprobación, reprobación y matizada modificación por parte del Tribunal Constitucional me las ahorro ya que no son el elemento que inicia la situación que estamos viviendo actualmente, aunque se citen y manipulen como excusa. Esa situación se inicia con virulencia cuando en el marco de la crisis financiera que se inicia en 2007, el gobierno de CiU, que ha sustituido al Tripartito del PSC, ERC, ICV-EUiA, toma una serie de drásticas medidas de privatización de empresas y sectores públicos y de recortes sociales y laborales de carácter neoliberal, que son ejemplo para hacer lo mismo en toda España, argumentando que las toma porque el Estado no les da los recursos que necesita y les corresponde. De ahí nace el "España nos roba", engañando al respetable que se deja engañar, y el proceso de movilizaciones por la independencia, camuflado detrás del "Dret a decidir", vergonzante forma de hablar de un inexistente en España "Derecho de autodeterminación".
Y cuando Catalunya, España, Europa y el mundo, necesitan más que nunca la presencia organizada de una izquierda que ponga orden en la política, que abandere la defensa de los derechos de la mayoría de la sociedad, los trabajadores y las trabajadoras que venden su fuerza de trabajo en el mercado y que crean toda la riqueza económica y social, esta izquierda se difumina, acepta los programas conservadores, abraza, tolera o es cómplice de los nacionalismos, de raíz conservadora o reaccionaria como siempre. Y así estamos. Ahora se trata de restituir la verdad, acabar con las demagogias y recuperar la política como forma civilizada de convivencia en la cual cada cual pueda defender lo que considere oportuno sin menoscabar la libertad de los otros para hacer lo mismo. Y que sea el análisis serio, el debate, la propuesta política, la democracia y la relación de fuerzas entre unas y otras opciones lo que tenga capacidad de gobernar y decidir, manteniendo estrictamente el respeto a las otras opciones. Y hágase todo ello como sólo puede hacerse, basándose en las leyes colectivas que nos hemos dado, la Constitución y el Estatut, y el respeto a instituciones como el Parlament, que no es un feudo privado ni de los independentistas ni de nadie. 
Y cuando se quieran modificar, reformar o cambiar las leyes, utilícese la información a la sociedad, el debate abierto para que ésta sepa bien de qué va, entienda las opciones y propuestas de cada organización o colectivo, para poderse pronunciar libre y democraticamente en las urnas y exigir radicalmente el cumplimiento de las promesas electorales. Ahora mismo, tal como están las cosas, el día 21 D es un importante momento para pronunciarse y crear una situación más favorable que la actual para las ideas de los que no queremos más aventuras secesionistas ni la vulneración permanente de los derechos de toda la ciudadanía catalana y española. Y el día 22 continuaremos hablando de los problemas sin que por ello hayan dejado de existir las leyes y métodos democráticos que nos hemos dado. Y ahora mismo continuaremos defendiendo las reformas constitucionales que vemos imprescindibles para mejorar las condiciones de vida y de trabajo, recuperar los derechos sociales recortados y decidir que la conclusión del Estado de las autonomía en un Estado Federal es la mejor forma de abordar bien y solucionar el grave problema creado por los secesionistas. Lo cual presupone que la política, las leyes y las instituciones siempre estarán abiertos a los cambios y mejoras que exija cada situación.



viernes, 10 de noviembre de 2017

Dos bellezas: la humana, entrañable, hermosa poesía de Pier Paolo Pasolini; y la de una mujer bella, sencilla, maltratada, manipulada, extraordinaria. Les rindo recuerdo y sencillo homenaje. Paco Frutos.

Poema de Pier Paolo Pasolini dedicado a Marilyn Monroe subtitulado.
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La falsificación del ordenamiento jurídico

Lidia Falcón O´Neill ||

Abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista ||
La inaceptable declaración de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau manifestándose a favor de los componentes del Govern catalán detenidos por la Audiencia Nacional, a los que calificaba de presos políticos, casi en trance de llorar por la terrible injusticia cometida contra ellos, y que tenía la desfachatez de afirmar que se había suspendido la autonomía y realizado un ataque contra toda Cataluña, tiene más trascendencia que ese episodio de la falsedad y representación teatral que están realizando los del “procés” y sus aliados y defensores. En las palabras de Colau se condensaba toda una propaganda, ahora llamada relato, que como dice la literatura es un cuento, que ha puesto en marcha el equipo independentista y que parece estar convenciendo no solo al pueblo llano, poco versado en cuestiones jurídicas, sino a ilustres representantes de la política, de la magistratura y del profesorado.
El argumentario, como ahora se dice también, consiste en afirmar que:
1.- La aplicación del artículo 155 es inconstitucional. Así, tal cual. Se lo oí a una representante de ERC en un programa televisivo de gran audiencia.
2º.- Que la aplicación de ese precepto constitucional significa la eliminación de la autonomía catalana.
3º.- Que la competencia de los delitos atribuidos a los detenidos no es de la Audiencia Nacional y por tanto la jueza Carmen Amela está cometiendo usurpación de funciones.
4º.- Que no se les puede aplicar el delito de rebelión porque lleva aparejada la utilización de violencia.
5º.- Que la prisión preventiva tiene que cumplir unos requisitos que no se dan en modo alguno en la conducta de los encarcelados.
6º.- Y más grave, que los encausados son presos políticos. Como parece que la ciencia jurídica es moldeable según quien la interprete, me gustaría a la luz estrictamente de los hechos acontecidos aclarar a mis lectores algunas cuestiones que no son solo de estricta aplicación de las leyes vigentes en nuestro país, sino simplemente de sentido común.
1º.- En nuestra Constitución el artículo 155 dice exactamente: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar  a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado  interés general.”
No sé si es preciso argumentar largamente que ni el Govern ni el Parlament de Catalunya cumplieron las obligaciones que tanto la Constitución como el Estatut les imponían. Aparte de la campaña continuada que realizaron ellos y sus adláteres y subvencionados, como la Asamblea Nacional de Cataluña y  el Omnium Cultural, no sólo a favor de la independencia sino instando a subvertir el orden constitucional llamando a la ciudadanía a la desobediencia a las leyes, con la financiación de medios de comunicación, actos públicos, manifestaciones continuas, arengas en las concentraciones, publicaciones múltiples, además organizaron un sucedáneo de referéndum el 9 de noviembre de 2014, que había sido declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, en el que se votaba la independencia. Pasaron a continuación a prometer primero la formalización de la independencia, más tarde la realización de otro referéndum que llevaron a cabo en contra de una nueva sentencia del Constitucional e incitaron a la población a sublevarse contra las fuerzas del orden que pretendieron impedirlo.
La votación en el Parlament el 6 y 7 de septiembre pasado aprobando unas esperpénticas leyes de referéndum y de transitoriedad jurídica, faltas de todo supuesto no solo de legalidad democrática sino incluso de sentido común, y la del 28 de octubre declarando finalmente  la proclamación de la República catalana, superaron, con mucho, los requisitos que exige el artículo 155  “de no cumplir las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuar de forma que atente gravemente al interés general de España”.
Resulta ciertamente chocante que haya juristas que aseguren que en este caso no eran aplicables las medidas implícitas en ese precepto jurisdiccional. En realidad el gobierno de España ha tardado más de lo esperable en parar el proceso independentista –las causas de ese retraso quedan de momento en la trastienda de los intereses políticos- que se ha desarrollado impunemente y públicamente durante 7 interminables años. En países de tan larga trayectoria democrática como Francia lo habrían impedido, incluso con la actuación del Ejército, a los pocos momentos de iniciar la campaña secesionista. De tal modo es una falacia afirmar que la aplicación del artículo 155 es inconstitucional.
2º.- La amplitud de las facultades atribuidas al gobierno en esa redacción amplísima por la que “podrá adoptar las medidas necesarias para el cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o la protección del interés general”permite al gobierno no sólo implementar las medidas que ha dispuesto sino otras mucho más duras y radicales como hubiese sido suspender la autonomía  de la Comunidad. Cosa que no ha hecho, aunque los voceros de los independentistas se empeñen en afirmarlo. Todas las instituciones catalanas siguen funcionando, cumpliendo sus atribuciones habituales y eso es visible por cualquiera que tenga que tramitar cualquier cuestión en la Generalitat.
3º.- La primera de las competencias atribuidas a la Audiencia Nacional son los “Delitos contra el titular de la Corona, su Consorte, su Sucesoraltos organismos de la Nación y forma de Gobierno”. Exactamente lo que han hecho los encarcelados. A menos que no se utilice el mismo lenguaje para describir la conducta del govern de Cataluña que para otros justiciables de menor categoría, que es lo que desearían Puigdemont y sus aliados. Todas las acciones llevadas a cabo por estos y los dirigentes de la ANC,  el OC y los alcaldes por la independencia, estaban dirigidas contra el titular de la Corona y los altos organismos de la Nación y forma de gobierno. A menos que se entienda que el rechazo a la monarquía y la proclamación de una república independiente catalana, el incumplimiento de la Constitución y del Estatut de Cataluña, no van dirigidos contra el titular de la Corona y los altos organismos de la nación y forma de gobierno.
4º.- Ciertamente sobre el delito de rebelión se exige que sea cometido con el uso de la violencia, pero sería bueno que se definiera lo que se entiende por violencia, porque durante los hechos del 20 de septiembre y el 1 de octubre los ataques a las fuerzas del orden por parte de grupos que secuestraron a la comisión judicial, que impidieron a los agentes  salir del edificio de la Consellería de Economía y que destrozaron los coches de la Guardia Civil,  quedan claramente grabados en los vídeos. Pero aún minimizando esa violencia, que en caso de que la hubieran protagonizado manifestantes por otras causas hubiese sido duramente condenada por todos los partidos, el delito de sedición no requiere de violencia para ser cometido, y mucho menos el de malversación de fondos. Resulta enormemente  chocante que los representantes de la izquierda defiendan arriscadamente a la burguesía  nacionalista que nos ha robado a manos llenas, y les admiren porque se proponían dividir España en minúsculos Estados al servicio de la OTAN.
5º.- Todos los requisitos legales para proceder a la prisión preventiva de los procesados se encuentran en este caso. El riesgo de fuga no es una suposición sino una realidad ante la huída de Puigdemont y sus colegas. Y decir que precisamente porque los encausados que se presentaron a declarar ante la Audiencia Nacional no habían huido ya no puede aplicárseles esta medida preventiva es una necedad, ya que hasta que se les notifica su procesamiento no son conscientes del peligro en que se encuentran. También, como dice la juez, su capacidad económica les permite trasladarse a otro país rápidamente, como han hecho los otros consejeros. Que tendrían capacidad para destruir pruebas está más que demostrado. La Guardia Civil ha interceptado camiones de los Mossos y de otros funcionarios llenos de documentos que se proponían hacer desaparecer. Y la reiteración del delito es evidente cuanto que sus seguidores están todos los días en las calles y en las plazas llamando a la subversión. Me resulta incomprensible que el ilustre ex magistrado Martin Pallín niegue que se concitan todos los requisitos para dictar la prisión preventiva.
6º.- Y lo más grave, como decía al principio: que se califique a los detenidos de presos políticos. En otro artículo, que titulé La Banalidad del Mal, me quejaba amargamente, ya que me sentía directamente concernida, por esa calificación que desde la izquierda se hace de los encarcelados. Así como la comparación del sistema político actual con la dictadura. De la misma manera que Julián Ariza rechaza indignado esta identificación, miles de supervivientes de la dictadura deben de estar estremecidos de oír todos los días a los dirigentes comunistas y podemitas asegurar que estamos viviendo la represión franquista y que los detenidos son presos políticos. Y constituye una enorme injusticia e ingratitud contra nuestros antepasados que dieron la libertad y la vida para que nosotros disfrutemos de esta democracia que, al menos, nos permite convocar elecciones periódicamente y ejercer los derechos fundamentales de un Estado de Derecho.
Resulta de una absoluta desfachatez que tal acusación se defienda desde los platós de televisión, en programas públicos, a gritos; que la alcaldesa de Barcelona salga a declararlo en ruedas de prensa, que Dante Fancin lo afirme en entrevistas televisadas y que los dirigentes de formaciones políticas con representación parlamentaria escriban y  publiquen semejante infundio. Esta conducta demuestra que no supieron nunca lo que fue el franquismo, pero al parecer tampoco se han enterado de cómo funcionan las dictaduras actuales en otros países.
 Cuando los que braman todos los días contra la Constitución, la Monarquía, las leyes vigentes,  incitan a sus seguidores a desobedecer el orden constitucional y se manifiestan, sin siquiera pedir permiso para ello, cortando el tráfico y colapsando la ciudad, escriben y publican cada día decenas de artículos y lanzan largos discursos a favor de la independencia, y afirman que estamos en un Estado fascista, son unos falsarios. No sólo la dictadura asesinaba cada día a trabajadores en huelga o en manifestaciones, o los condenaba a muerte y a larguísimas penas de prisión por ejercer los más elementales derechos civiles, sino que impedía toda manifestación y libertad de expresión, de asociación, de publicación. Se reunirían aquí miles de periodistas, escritores, editores, conferenciantes, políticos, que fueron procesados y sancionados por intentar expresar opiniones diferentes al nacionalcatolicismo del régimen.
Y cuando, como apoteosis de esta libertad tan democráticamente permitida por el Estado, se convocan elecciones autonómicas en Cataluña para dentro de mes y medio, con la participación de todas las formaciones políticas incluyendo aquellas que se autotitulan antisistema,  que tienen a sus dirigentes en prisión y siguen defendiendo arriscadamente la independencia de Cataluña, la acusación de dictadura es absolutamente inaceptable. Con esta continua comparación que hace la izquierda entre la situación política actual y el franquismo lo peor que está consiguiendo es que se oculte qué fue realmente la dictadura. Que como decía Hanna Harendt “se banalice el mal”.
Querría concluir haciendo un llamamiento a las fuerzas políticas y sociales que se llaman de izquierda o progresistas para que no intoxiquen más a la opinión pública, para que vuelvan al principio de realidad que planteaba Freud, que hagan el análisis concreto de la realidad concreta que exigía Lenin, y que no repitan más que estamos en una dictadura, que los detenidos son presos políticos, que no han conculcado la Constitución ni el Estatut, que no existe riesgo de fuga ni de reiteración del delito ni de destrucción de pruebas. Porque todo eso es mentira.
Y cualquiera tiene derecho a defender su ideología independentista en este Estado de Derecho, que, a pesar de sus fallos y carencias, todavía mantiene las libertades fundamentales, pero a lo que no tiene derecho es a mentir. 
            Madrid, 5 noviembre 2017.